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Poesías por Rafael Gallardo - Cuento de la Pesetita

Cuento de la Pesetita

Lidia Ruíz Sánchez

El primer correo que leí el 13 de mayo de 2014 fue este cuento que llegó a la redacción de la revista de El Meu Prat. Lidia se lo quería dedicar a su hijo Miguel Angel, un niño con una enfermedad de las que llaman raras, su hijo tiene el sindrome de X frágil. 
Nada más leerlo, pensé en transformar su simpatica historia en un audio y compartirla con vosotros. 
Más tarde tuve curiosidad por conocer esta enfermedad, os incluyo un video donde se explica la historia de otro niño con el mismo sindrome.

HISTORIA DE LA PESETITA

Solo quedaba un trozo de metal por acuñar y dos hombres discutían.
- Es mejor hacer un duro.
- No ¡ Una peseta.
Sí, aquel trozo de metal era demasiado grande para hacer una peseta y justito para hacer un duro.
Lo echaron a la suerte y gano el que querían que hicieran una peseta con el metal. Fue acuñado con mucho cuidado y amor, ya que el señor que lo acuño que se llamaba Ramón estaba muy enamorado y empezó la vida de aquel trozo de metal convertido en peseta.
Lo primero que hicieron con ella fue ponerla en un grupo de pesetas, liadas todas en un papel y las llevaron al banco. En el banco muchos clientes querían pesetas, y Pesetita se fue despidiendo poco a poco de sus amigas pesetas. Ya solo quedaba ella y un hombre se la llevo, fue su primera experiencia como peseta.
El hombre se llamaba Angel y era bastante nervioso, pues no hacía más que meter la mano en el bolsillo y darle vueltas al dinero. Allí conoció a los duros. No eran mala gente¡ Pero un poco creídos porque valían más.
Como el señor Angel daba tantas vueltas al dinero de su bolsillo, Pesetita se cayó al suelo, ella desesperada empezó a gritar:
- Eh, señor Angel, que estoy aquí, me he caído¡ ¿ No me oye ¿
Pero ella no entendía que los humanos no oían a las cosas, y menos a una simple peseta. Pesetita se sentía sola, y tenía frio, era de noche y la calle estaba desierta, así que nadie la pudo ver.
Era otoño,  Llamo a una hoja que había caído de un árbol,  para que la abrigara.
Llego la mañana y salió el sol, se despidió de la hoja que se llamaba Toñi y que era muy agradable y risueña. Pesetita vio como los niños iban al colegio, muchos la pisoteaban y ella inútilmente empezaba a gritar, ya que le hacían daño.
De repente una niña la vio y con gran alegría la cogió. La niña que era muy guapa, se llamaba Laura y estaba orgullosa de haber encontrado una peseta y eso también era un orgullo para Pesetita. Laura no la tuvo mucho tiempo, pues entró en una tienda de chuches y se la gastó comprado un chupa-chups.
Pesetita iba de mano en mano y estaba harta porque era muy aburrido, pensó con amargura. Estuvo varios días en una caja de un supermercado, allí escuchó muchos cotilleos, porque a la cajera le gustaba hablar de todo el mundo cuando salían por la puerta,  hasta que fue a parar a un monedero. Allí se encontró una amiga peseta, que había conocido en el banco, se contaron la vida y vieron que las pesetas han nacido para ir de un lado a ot                                                                                                                                            
Tampoco en el monedero estuvo Pesetita demasiado tiempo, pero esta vez que cambio de mano, fue a parar al bolsillo de un capitalista que se llamaba señor José. Allí conoció a los billetes, esos sí que eran antipáticos¡ Se burlaban de ella porque nunca en ese bolsillo había caído una peseta y la veían insignificante. Le decían: - JoooooooooooJoooooooJoooooo, tu no vales nada, eres pequeña y contigo no se pueden comprar grandes cosas, jooooo, jooooo, jooooo.
Pesetita se acomplejo bastante y se escapó, esta vez tuvo una experiencia que nunca había sentido, pues el pequeño de la casa que se llamaba Miguel Angel y que era muy travieso y llorón la cogió. Era un niño que tenía un síndrome llamado síndrome de x frágil, y que sí que la escuchaba y se podía comunicar con ella. Ella le explico su corta vida, y él la escuchaba con mucha atención y también él le explico cosas como: que iba a una escuela especial, que tenía dos hermanos mayores que lo querían mucho, que a su papa le gustaban las motos y su mama era muy luchadora y que él la necesitaba mucho. También le dijo que los niños y niñas con esta enfermedad se pueden comunicar de manera secreta entre ellos, entre las cosas, los animales y las plantas, porque tienen un don invisible que las otras personas no pueden ver. Miguel Angel empezó a jugar con ella y se la metía en la boca, sin querer el niño se la tragó y Pesetita fue a parar a un lugar muy oscuro y húmedo.
Tenía miedo porque no sabía como salir de allí. Tampoco tardó mucho, y se llevó una gran sorpresa cuando vio que todos la esperaban impacientes, aunque olía un poco mal… La colocaron en un cuadro con un precioso marco, detrás de un cristal y encima pusieron una placa donde se leía “La peseta digestiva” y de allí no se movió nunca más y vivió contenta y feliz, hasta que llegaron los euros, y ella estaba muy contenta porque cada día podía hablar con Miguel Angel…….
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Dedicado a mi  x frágil, Miguel Angel Montes Ruiz, con todo mi amor.
 
 
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